(FÁBULA)
-Me inspira gran compasión
Tu suerte, mi pobre amiga
Dijo una espiga a otra espiga
Con aire de compasión.
Juntas nacimos aquí,
Nos regaron a las dos,
Y no te ha brindado Dios
Nada de lo que hay en mi.
Yo he llegado a superarte,
Pues miro siempre hacia el cielo;
Tú te inclinas contra el suelo
Y no podrás levantarte.
Todos los días espero
De la aurora la sonrisa,
Mientras columpia la brisa
Mi cuerpo esbelto y ligero.
-No es mi situación, amiga,
Lo que debe entristecerte
Sino la mísera suerte,
Le contestó la otra espiga.
Juntas nacimos aquí,
Nos regaron a las dos,
Y a tí te ha negado Dios
Lo que me ha brindado a mi.
Qué superior ciertamente
A ti soy, yo lo confieso,
Pues si me inclino es al peso
de la preciada simiente.
Te ries por que tendida
Me ves sobre la tierra;
Pues sabe que en mí se encierra
Lo que da al hombre la vida.
Si ligereza hay en tí
Y ostentas tal gallardía,
Es por que te hallas vacía
¿Y de qué sirves así?
Pronto la recolección
Probará a tu orgullo necio,
Que tú mereces desprecio
Y yo solo estimación.
Pues que el mérito real
Es humilde en su presencia,
Y toda vana apariencia
Tiene un término fatal.
Carlos Imendia
Recuperado de El Monitor Republicano (domingo 1° de abril de 1888)
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